De vender pescado para entrenar al podio olímpico: María del Rosario Espinoza

En el Foro SUMA+ Inspira 2026, la taekwondoína sinaloense contó cómo llegó de La Brecha a la selección nacional y qué busca ahora como entrenadora

 

María del Rosario Espinoza vendía pescado, nopales y guayabas en La Brecha para pagar el camión que la llevaba a entrenar taekwondo en Guasave. Años después ganó tres medallas olímpicas. En su conferencia “Todo es posible cuando tu corazón lo desea”, presentada ante estudiantes de Culiacán y Navolato durante SUMA+ Inspira 2026, relató ese recorrido.

 

Recordó los entrenamientos en una casa ejidal, los viajes que su familia apenas podía pagar y las derrotas posteriores al oro olímpico. También habló de su trabajo como entrenadora de la selección mexicana de para taekwondo.

 

“(A los 8 años) yo no tenía dinero para pagar (el camión a Guasave), creo que me cobraban como 8 pesos”, relató. “Pero en ese tiempo, pues yo tenía que vender de todo lo que había. Si mi papá traía pescado, yo agarraba la bicicleta, hacía ciclismo, por toda la brecha. Me iba y vendía pescado, vendía nopales, vendía lo que hubiera. para ir a mis clases de taekwondo. 

 

“Eso me ayudó mucho en mi infancia, y es algo que estoy muy agradecida con el deporte, de todo lo que me ha enseñado. Y algo que me enseñó en ese momento, pues es ser perseverante”.

 

 

De La Brecha a la selección nacional

Espinoza comenzó a practicar taekwondo a los cinco años con Rubén Contreras. Entrenaba en una casa ejidal donde caía cemento del techo y había hoyos en el piso. Cuando el profesor dejó la comunidad, buscó dónde continuar. Viajaba unos 35 kilómetros hasta Guasave y vendía productos para pagar el pasaje.

 

Sus padres decidieron mudarse a Guasave. Allí conoció al profesor Rolando, quien la impulsó a competir. En 2003 viajaron a San Luis Potosí para una evaluación de la selección nacional juvenil. La camioneta se averió en el trayecto y Espinoza apenas tenía dinero para llegar, mucho menos para regresar. “Gané por un punto”, recordó. Así consiguió quedarse en la concentración.

 

El alto rendimiento significó entrenar varias veces al día lejos de sus padres. Al principio lloraba por las noches por el cansancio y porque extrañaba su casa. Con el tiempo se adaptó y aprendió a trabajar con entrenadores, médicos, nutriólogos y psicólogos. Después representó a México en un campeonato panamericano juvenil en Río de Janeiro, donde ganó el oro.

 

 

Lo que dejaron las derrotas

En 2007 se coronó campeona mundial; al año siguiente ganó el oro olímpico en Beijing. Sumó un bronce en Londres 2012 y una plata en Río 2016. Entre esas competencias también sufrió eliminaciones. Contó que, ante rivales más altas, tuvo que modificar su estilo y sacar provecho de sus propias capacidades.

 

Espinoza dijo que esas dificultades le enseñaron a madurar. Recordó que, cuando recibió la medalla en Beijing, pensó en sus padres, sus entrenadores y todas las personas que la habían ayudado a llegar al podio.

 

A los estudiantes les compartió una regla que ha seguido en el deporte: dar el cien por ciento de lo que se tiene cada día. Explicó que, si una persona solo dispone del ochenta por ciento de su energía, ese puede ser su máximo esfuerzo en ese momento.

 

Una nueva meta como entrenadora

Espinoza terminó sus estudios universitarios en 2021 y se retiró de las competencias en 2022. Hoy entrena a la selección mexicana de para taekwondo. En los Juegos Paralímpicos de París 2024 acompañó al equipo que obtuvo una medalla de bronce y otra de plata. Entre sus atletas está el sinaloense Juan Diego García, originario de Costa Rica, Culiacán.

Aspira a que sus atletas ganen títulos mundiales y paralímpicos. También le gustaría que un museo en Guasave mostrara su trayectoria a niñas, niños y adolescentes.

Contó que el deporte le permitió comprar una casa para sus padres. Esa experiencia, dijo, alimenta su interés por que los atletas a quienes entrena encuentren oportunidades para mejorar sus condiciones de vida.

 

 

Los aprendizajes que busca transmitir

Invitó a los estudiantes a explorar sus intereses en el deporte, el arte o la cultura. También habló de aprender de las derrotas y de agradecer a quienes los acompañan.

 

También expresó su deseo de regresar algún día a vivir a Sinaloa, compartir lo aprendido con deportistas de la región y que sus hijos conozcan las costumbres de La Brecha, donde creció.

 

 

 

 

 

Empiezo por Mí

Logotipo Suma Sociedad Unida