Yulibeth Mendoza España busca empoderar mujeres de Colombia desde México con herramientas de liderazgo. Sueña con impulsar emprendimientos femeninos y romper estereotipos en su comunidad.
Yulibeth Mendoza España es una mujer de 27 años, de un pueblo llamado Ariguaní Magdalena, en Colombia. Ha llegado a Culiacán para abrir caminos y así aprender herramientas para empoderar a más mujeres que, como ella, tratan de hacer un cambio.
“Vine a aprender cómo se impacta una sociedad y cómo logramos que la gente se mantenga en ese impacto, que siga interesada en continuar”, dice.
Suma Sociedad Unida es ese espacio que eligió en México a través de la organización global AIESEC, pues conoció el proyecto de liderazgo con las juventudes con un enfoque transformador.
“Yo quiero absorber absorber el mayor aprendizaje para luego aplicar en mi comunidad”, menciona.
El sueño de Yulibeth está fundado en su historia personal. Es de un pueblo que aún crece, que físicamente se puede describir como un lugar con unas ocho calles, con unos cuantos restaurantes y una plaza comercial recién inaugurada.
Ariguaní Magdalena es uno de los sitios más cálidos de Colombia, que tiene la presencia de dos grandes empresas que son las principales empleadoras del lugar y con una situación política prácticamente lejana, pues las decisiones se toman en la cabecera municipal de El Difícil y todo llega a través de un vocero.
Jóvenes componen una canción por la paz
Yulibeth cree que ese modelo político ayuda poco, al centrarse sobre proyectos de infraestructura, mas no de oportunidades que generen nuevas expectativas de vida, que fomenten el emprendimiento y la educación como ejes de crecimiento económico, sobre todo para generaciones jóvenes.
“Hay muchos jóvenes que en Culiacán tienen el interés de cambiar el mundo, es importante escucharles, pero no solo a jóvenes como nosotros que somos jóvenes adultos, sino escuchar a los niños, porque ellos tienen ideas grandes y que a su edad ya perciben la problemática que existe y tienen el deseo de hacer algo”, señala.
El sueño de Yulibeth ha crecido con el paso de los años. Conoce bien de lo que habla porque lo vive diariamente. Creció en Ariguaní Magdalena y frente a ella tenía una oportunidad de lograr ser lo que la mayoría de las personas en su pueblo ya hace: ser una empleada con conocimientos técnicos en el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), pues llegar a estudiar la universidad implica viajar una hora y media en un transporte colectivo.
Una de las realidades de su comunidad es que la mayoría de quienes nacen y crecen en su pueblo no cuentan con los suficientes recursos económicos, además de que no existen oportunidades educativas cercanas de educación superior, sino que deben invertir también y eso se convierte en algo complejo.
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Yulibeth cuenta que ella logró estudiar una carrera animándose a inscribirse en Contaduría, prácticamente aventurándose, porque sus padres no tenían dinero suficiente, pero su ímpetu fue más fuerte, compró su pin para inscribirse a la Universidad Popular del Cesar, donde fue aceptada.
Ya solo faltaba dinero para ir a un sitio lejos de su familia. Entendía que debía pedir ayuda, hablar con papá y convencerlo de invertir en su educación, ya que por el mismo rol que se maneja en la sociedad, incluso para sus padres era difícil soñar un poco más allá. Afortunadamente, sus padres la apoyaron realizando el pago del primer semestre; en adelante, con su trabajo y algo de ayuda de su familia, logró titularse como licenciada en Contaduría Pública.
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“Hace poco coloqué una tienda de accesorios femeninos, es una tienda de mujeres para mujeres y mi idea es que desde esa tienda pueda retribuirles un poco creando algo parecido a una fundación que pudiera generar impacto en las mujeres de la comunidad”, dice.
“Quiero crear un impacto, no sé si sea macro, pero sí un impacto real, que sirva para que las mujeres también se animen a soñar”.
Yulibeth asegura que en Ariguaní, Magdalena hay mucha cultura machista, donde las mujeres son estereotipadas únicamente como cuidadoras.
“En mi comunidad se gana muy poco y la gente no tiene la visión de crear empresas, sino exigir al gobierno y a las dos empresas que les den empleo”, afirma.
“Por eso quiero que las cosas que se venden en la tienda sean hechas por aquellas mujeres de mi pueblo, que tienen una historia y a través de eso puedan alzar la voz, darles un camino”.
Reconoce también que el camino no será sencillo, pero también que esto que hace es apenas la apertura de puertas para que otras mujeres se inspiren.
#EmpiezoporMí